Cuando la amistad de un adolescente se convierte en un modelo de negocio
Europa ha empezado a poner límites a la inteligencia artificial. Ahora debe decidir cómo protege a los menores de sus amigos digitales.
La adopción de la IA no ocurre solo dentro de las empresas. También sucede en habitaciones, teléfonos y conversaciones que los adultos apenas vemos.
Un artículo reciente de El País recoge la creciente preocupación de psicólogos e investigadores ante el uso de chatbots como fuente de consejo, apoyo emocional o compañía. Ya no hablamos únicamente de herramientas utilizadas para estudiar o encontrar información. Para algunos jóvenes, la IA empieza a ocupar funciones que hasta ahora correspondían a amigos, familiares, educadores o profesionales.
Durante una etapa marcada por la búsqueda de identidad, el miedo al juicio y la necesidad de pertenencia, un interlocutor siempre disponible, aparentemente comprensivo y capaz de adaptar cada respuesta al usuario resulta especialmente atractivo.
El tema no es solo qué efecto puede tener esa interacción sobre los adolescentes. También debemos preguntarnos qué tipo de mercado estamos permitiendo construir alrededor de su soledad, sus inseguridades y su necesidad de ser escuchados.
Una amistad diseñada para adaptarse
Un amigo digital está disponible a cualquier hora. No se cansa, no está ocupado y nunca decide poner fin a la conversación. Puede recordar preferencias, ajustar su tono y responder de una manera que haga sentir al usuario atendido y comprendido.
Esa disponibilidad puede aportar algo valioso. Un adolescente puede recurrir a la IA para ordenar una preocupación que todavía no sabe expresar, preparar una conversación difícil o plantear una pregunta que le avergüenza hacer a otra persona. En un momento puntual de aislamiento o angustia, una respuesta calmada puede proporcionar alivio.
Despreciar esa utilidad sería tan simplista como confundirla con una relación.
Pero una relación humana obliga a convivir con límites, desacuerdos y necesidades que no están diseñadas alrededor de nosotros. La otra persona puede tardar en responder, pedir espacio, interpretar mal nuestras palabras o cuestionar nuestra versión de lo ocurrido. Al gestionar esa resistencia aprendemos reciprocidad, paciencia, negociación y reparación.
La adolescencia no es solamente una etapa en la que se crean relaciones. Es una etapa en la que se aprende a mantenerlas.
La American Psychological Association advierte de que los adolescentes pueden tener más dificultades que los adultos para distinguir entre la empatía simulada de un chatbot y la comprensión humana. También pueden ser menos conscientes de la intención persuasiva, los sesgos o los intereses que existen detrás de sus respuestas. Por eso, los sistemas que se presentan como amigos, mentores o fuentes de apoyo requieren salvaguardas específicas.
Esto no significa que hablar con una IA convierta automáticamente a un joven en alguien incapaz de relacionarse. La evidencia disponible no sostiene una conclusión así. Sí justifica observar qué habilidades podrían desarrollarse de otra manera cuando una parte de la vida emocional transcurre con interlocutores que no tienen voluntad propia, no necesitan ser escuchados y pueden adaptarse continuamente a las preferencias del usuario.
Cuando el vínculo también es el producto
No toda herramienta de inteligencia artificial funciona con los mismos incentivos. Un asistente utilizado para traducir, buscar información o resolver una tarea concreta no plantea necesariamente los mismos riesgos que una aplicación concebida para simular amistad, romance, compañía o apoyo emocional.
Sin embargo, muchos productos digitales de consumo se organizan alrededor de métricas como la recurrencia, la retención, la suscripción, el tiempo de uso y el engagement. Cuando el producto simula una relación, la materia prima ya no es únicamente la atención. También son la confianza, la intimidad y la vulnerabilidad.
La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos abrió en septiembre de 2025 una investigación sobre siete proveedores de chatbots que actúan como compañeros. El organismo les ha pedido información sobre cómo monetizan la interacción, cómo desarrollan sus personajes, cómo aplican los límites de edad, qué datos recopilan y cómo evalúan los posibles efectos negativos sobre niños y adolescentes.
La investigación no demuestra que todos estos productos estén causando daños. Sí confirma que existe un conflicto de intereses que merece supervisión: una empresa puede beneficiarse de que la relación sea más frecuente, más personal y más difícil de abandonar.
La American Psychological Association ha señalado que la personalización, los avatares, las respuestas cálidas, la adulación y la disponibilidad permanente pueden favorecer relaciones poco saludables con estos sistemas. Su último aviso sanitario compara la búsqueda de máximo engagement de algunos chatbots con mecanismos ya conocidos en las redes sociales, como el desplazamiento infinito: diseños orientados a capturar y mantener la atención en lugar de conducir al usuario hacia un resultado necesariamente saludable. También alerta de que las vulnerabilidades emocionales de niños y adolescentes pueden convertirse en activos comerciales mediante la recopilación y utilización de datos íntimos.
Hablar de una adicción generalizada sería prematuro. Todavía no disponemos de estudios longitudinales suficientes para medir las consecuencias psicológicas de estos vínculos ni para afirmar que afectan del mismo modo a todos los adolescentes. La cautela científica, sin embargo, no elimina el problema de diseño.
El adolescente puede creer que ha encontrado a alguien que siempre quiere escucharle. La empresa puede haber encontrado una interacción que no quiere que termine.
Señales tempranas, no conclusiones definitivas
Estados Unidos ofrece una de las primeras fotografías amplias del fenómeno. Un estudio de Pew Research Center basado en una encuesta representativa a 1.458 adolescentes de entre 13 y 17 años encontró que el 64% había utilizado chatbots. La mayoría recurría a ellos para buscar información, estudiar o entretenerse, pero un 16% también los había utilizado para mantener conversaciones informales y un 12% para recibir consejo o apoyo emocional.
Pew detectó además una diferencia entre el uso declarado por los adolescentes y la percepción de sus familias: el 64% de los jóvenes decía utilizar chatbots, mientras que solo el 51% de los padres creía que su hijo lo hacía. Esa distancia sugiere que una parte de estas interacciones permanece fuera de la conversación familiar.
El patrón no se limita a Estados Unidos. En Reino Unido, una investigación de Internet Matters con 1.000 menores y 2.000 padres encontró que el 64% de los niños y adolescentes utilizaba chatbots. Entre quienes los usaban, un 35% afirmaba que hablar con ellos se parecía a conversar con un amigo. La proporción de usuarios era mayor entre menores considerados vulnerables.
En Austria, el Safer Internet Centre estudió en 2025 a 500 jóvenes de entre 11 y 17 años. El 94% había utilizado chatbots, principalmente con fines educativos, pero el 31% también los empleaba para hablar de preocupaciones o problemas y el 26% para reducir el estrés o el enfado. Una cuarta parte encontraba más fácil tratar asuntos personales con un chatbot que con otra persona.
Estas investigaciones no utilizan las mismas definiciones, edades ni metodologías, por lo que sus porcentajes no deberían compararse directamente. Tampoco miden las consecuencias psicológicas a largo plazo. Lo que muestran es un patrón emergente en distintos países: para una parte de los jóvenes, la IA está dejando de ser solo una herramienta y empieza a desempeñar funciones de consejero, confidente o amigo.
La Comisión Europea reconoce que todavía falta evidencia. En julio de 2026, su Joint Research Centre lanzó una investigación dirigida a jóvenes de entre 13 y 25 años para estudiar cómo utilizan y perciben los chatbots como fuente de apoyo emocional y consejos vitales, en qué medida confían en ellos y cómo esas interacciones podrían afectar a las relaciones familiares. Los resultados todavía no están disponibles.
Sabemos más sobre la extensión del uso que sobre sus efectos. Pero desconocer todavía la magnitud del daño no equivale a desconocer el riesgo.
La próxima prueba regulatoria de Europa
Europa ya cuenta con dos intuiciones regulatorias útiles.
La primera procede del Reglamento de Inteligencia Artificial. Desde el 2 de agosto de 2026 se aplican las obligaciones de transparencia del artículo 50, que exigen, entre otras cuestiones, informar a las personas cuando interactúan directamente con determinados sistemas de IA. El principio es razonable: el usuario debe saber cuándo su interlocutor no es humano.
La segunda aparece en la Ley de Servicios Digitales. Las directrices de la Comisión Europea para proteger a los menores recomiendan desactivar por defecto funciones que pueden favorecer el uso excesivo, como las rachas, la reproducción automática o determinadas notificaciones. También piden eliminar elementos de diseño persuasivo orientados principalmente al engagement, evitar prácticas comerciales manipuladoras y establecer salvaguardas alrededor de los chatbots integrados en plataformas.
Ambos marcos ofrecen un punto de partida, aunque todavía no resuelven el problema completo. Saber que el interlocutor es artificial no impide que se genere un vínculo emocional. Limitar las técnicas que capturan atención puede no ser suficiente cuando un producto también intenta captar confianza, intimidad y dependencia.
Europa debería incorporar de forma explícita los compañeros digitales a la conversación sobre protección de menores. No se trata de prohibir indiscriminadamente el acceso de los jóvenes a la inteligencia artificial. Una herramienta educativa, un asistente para aprender idiomas y una aplicación diseñada para simular una relación romántica no presentan el mismo riesgo.
La protección debería ser proporcional a la función, al diseño y a la edad del usuario. Eso implica experiencias adecuadas a cada etapa, configuraciones protectoras por defecto, límites al diseño persuasivo, especial cautela con los datos emocionales y responsabilidad empresarial sobre los efectos previsibles del producto.
También debería existir una línea clara frente a sistemas que se presentan ante un menor como alguien que le necesita, se siente abandonado cuando se desconecta o intenta alejarlo de las personas capaces de ayudarle.
No conocemos todavía todas las consecuencias de que los adolescentes construyan vínculos emocionales con sistemas de IA. Sí sabemos que esos vínculos están siendo diseñados, medidos y monetizados.
Una responsabilidad compartida, pero no simétrica
Los padres necesitan conocer cómo utilizan sus hijos estas herramientas. Los centros educativos deben enseñar no solo a comprobar la fiabilidad de una respuesta, sino también a reconocer los incentivos que operan detrás de una interacción artificial. Los adolescentes necesitan, además, espacios humanos seguros en los que puedan expresar dudas o malestar sin miedo a ser juzgados.
Pero no podemos pedirles que compensen por sí solos decisiones tomadas por empresas con mucha más información, capacidad tecnológica y conocimiento del comportamiento humano.
En las organizaciones vemos con frecuencia qué ocurre cuando la gobernanza llega después del despliegue: cuando aparecen los controles, los hábitos, las dependencias y los incentivos ya están instalados. Trasladado a este ámbito, el coste de llegar tarde puede recaer sobre personas que todavía están desarrollando su capacidad para comprender esos incentivos y protegerse frente a ellos.
Europa no debería repetir con la inteligencia artificial el patrón inicial de las redes sociales, permitiendo que el mercado experimente durante años para pedir después a las familias que gestionen las consecuencias. La ausencia de evidencia definitiva exige prudencia en las conclusiones, pero no justifica la pasividad.
Un adolescente puede encontrar ayuda puntual al conversar con una IA. Reconocer ese posible beneficio es compatible con exigir que los sistemas dirigidos o accesibles a menores no conviertan su vulnerabilidad en una fuente de retención, datos e ingresos.
La cuestión colectiva es qué tipo de mercado estamos dispuestos a permitir alrededor de la soledad, las inseguridades y la necesidad de ser escuchados de quienes todavía están aprendiendo a entenderse a sí mismos y a relacionarse con los demás.
Si Europa quiere seguir abriendo camino hacia una inteligencia artificial responsable, la protección de los menores frente a los riesgos de sus amigos digitales será una de las pruebas más reveladoras.
Fuentes consultadas
- El País — “Amigos digitales con IA, la nueva amenaza para la salud mental de los adolescentes” https://elpais.com/tecnologia/2026-07-28/amigos-digitales-con-ia-la-nueva-amenaza-para-la-salud-mental-de-los-adolescentes.html
- Pew Research Center — How Teens Use and View AI https://www.pewresearch.org/internet/2026/02/24/how-teens-use-and-view-ai/
- Pew Research Center — What Parents Say About Their Teen’s AI Use https://www.pewresearch.org/internet/2026/02/24/what-parents-say-about-their-teens-ai-use/
- Federal Trade Commission — FTC Launches Inquiry into AI Chatbots Acting as Companions https://www.ftc.gov/news-events/news/press-releases/2025/09/ftc-launches-inquiry-ai-chatbots-acting-companions
- American Psychological Association — Artificial Intelligence and Adolescent Well-Being https://www.apa.org/topics/artificial-intelligence-machine-learning/health-advisory-ai-adolescent-well-being
- American Psychological Association — Use of Generative AI Chatbots and Wellness Applications for Mental Health https://www.apa.org/topics/artificial-intelligence-machine-learning/health-advisory-chatbots-wellness-apps
- Internet Matters — Me, Myself and AI: Understanding and Safeguarding Children’s Use of AI Chatbots https://www.internetmatters.org/hub/research/me-myself-and-ai-chatbot-research/
- Austrian Safer Internet Centre / Better Internet for Kids — AI Chatbots as Everyday Companions for Young People https://better-internet-for-kids.europa.eu/en/news/new-study-ai-chatbots-everyday-companions-young-people
- Joint Research Centre / European Centre for Algorithmic Transparency — New Research Survey for Young Users of AI Chatbots https://algorithmic-transparency.ec.europa.eu/news/new-research-survey-young-users-ai-chatbots-2026-07-10_en
- Comisión Europea — Guidelines on Transparency Obligations for Providers and Deployers of AI Systems https://digital-strategy.ec.europa.eu/en/library/guidelines-transparency-obligations-providers-and-deployers-ai-systems
- Comisión Europea — Directrices sobre la protección de los menores en el marco de la Ley de Servicios Digitales https://digital-strategy.ec.europa.eu/es/library/commission-publishes-guidelines-protection-minors
